¿Dónde vamos tan apurados?
Hay una escena que me llama poderosamente la atención y que seguramente muchos habrán vivido alguna vez.
Es domingo. No es un día laborable. No hay que correr para llegar a la oficina, ni para cumplir con una reunión, ni para dejar a los chicos en la escuela. Salgo a manejar con tranquilidad, respetando la velocidad permitida y disfrutando del camino. Sin embargo, a los pocos minutos aparece un automóvil detrás mío que comienza a acercarse demasiado, hace luces o busca cualquier oportunidad para adelantarme como si yo estuviera detenido.
Y entonces no puedo evitar hacerme una pregunta:
¿Dónde vamos tan apurados?
Claro que puede existir una verdadera urgencia. Nadie conoce la realidad del otro. Tal vez esa persona deba llegar rápidamente porque un familiar la necesita o porque atraviesa una situación inesperada. Es algo que siempre puede ocurrir.
Pero muchas otras veces no parece tratarse de una emergencia. Da la impresión de que simplemente nos hemos acostumbrado a vivir acelerados. Como si correr fuera una obligación permanente, aun cuando no exista ningún motivo para hacerlo.
La prisa se volvió una forma de vivir
"Hace unos días me ocurrió algo que me hizo pensar. Circulaba por una calle de Buenos Aires respetando la velocidad máxima permitida. No iba lento; simplemente iba como corresponde. Un conductor me adelantó y, mientras pasaba a mi lado, me gritó: '¡El pedal de la derecha es el acelerador!'. Sonreí y seguí mi camino. Pensé que, probablemente, esa persona creía que manejar bien consiste en llegar antes que los demás. Yo, en cambio, creo que manejar bien consiste en llegar."
Lo curioso es que esa actitud no aparece solamente al conducir. También la vemos en el supermercado, en la fila del banco, esperando un ascensor, aguardando que un semáforo cambie de color o incluso en un restaurante cuando insistimos varias veces para que nos sirvan cuanto antes.
Pareciera que unos pocos segundos de espera se hubieran convertido en algo insoportable.
Vivimos con la mirada puesta en el momento siguiente, sin disfrutar el instante que estamos viviendo.
Ir más rápido no siempre significa llegar antes
Muchas veces quien acelera para adelantarnos termina encontrándose con nosotros en el siguiente semáforo.
Todo ese apuro apenas le permitió ganar unos pocos metros.
Sin embargo, también existe otra posibilidad mucho menos agradable.
Ir más rápido no siempre significa llegar antes. A veces significa aumentar el riesgo. Un adelantamiento imprudente, una distracción o una maniobra equivocada pueden terminar en un accidente. Y entonces todo ese tiempo que se intentó ganar desaparece en un instante.
Los minutos ahorrados pueden transformarse en horas de espera, en daños materiales, en lesiones o, peor aún, en una tragedia que marque para siempre la vida de varias personas.
La vida también merece ser recorrida sin apuro
Quizás esa escena del tránsito sea una metáfora perfecta de nuestra manera de vivir.
Corremos para terminar el trabajo. Corremos para llegar al fin de semana. Corremos para que lleguen las vacaciones. Corremos durante las vacaciones para conocer más lugares. Corremos durante la jubilación intentando recuperar el tiempo que antes dejamos escapar.
Y mientras tanto, la vida continúa pasando delante de nuestros ojos.
Nos perdemos conversaciones, abrazos, paisajes, silencios, sonrisas y pequeños momentos que nunca volverán a repetirse.
Lo importante es llegar bien
Quizás la verdadera inteligencia no consista en llegar primero.
Tal vez consista en llegar bien.
Disfrutando el camino. Respetando a los demás. Entendiendo que unos pocos minutos rara vez cambian nuestra vida, mientras que una decisión apresurada sí puede cambiarla para siempre.
La próxima vez que alguien me adelante un domingo como si estuviera disputando una carrera, seguramente volveré a hacerme la misma pregunta:
¿Dónde irá tan apurado?
Y, mientras continúo mi camino con tranquilidad, recordaré que la vida no premia a quien corre más rápido, sino a quien sabe disfrutar cada kilómetro del recorrido.
"No necesito demostrarle a nadie que sé dónde está el acelerador. Prefiero demostrarme cada día que todavía sé dónde está el freno, la prudencia y el respeto por la vida."
UN PAUSADO ABRAZO.
Si esta historia encuentra eco en ti, hay más relatos esperándote en mi espacio visual.
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