Perder también es parte del camino
Perder también forma parte del crecimiento. A veces, sólo después de caer entendemos nuestra verdadera fuerza...
Aprender a través de las caídas
A veces pienso que pierdo. Otras veces, en cambio, creo que perder es el camino que me lleva a ganar, a mejorar, a conocerme más profundamente a mí mismo; a saber qué es exactamente lo que tengo, lo que me falta, lo que deseo, lo que detesto, lo que me gusta y con lo que sueño.
Las miradas que permanecen
A veces hay miradas que hablan más que mil palabras y, por más que intento apartarlas de mi recuerdo, no puedo hacerlo. Vuelven a mí una y otra vez, con insistencia, de la misma forma que la lluvia cubre con su manto gris el paisaje en otoño.
Aparecen en libros, en la parada del autobús, en el periódico olvidado sobre mi mesa, en las canciones que alguna vez creí que formaban parte de mis recuerdos, en una película infame de sábado por la tarde, en la cola del supermercado...
Están ahí, acechando, poniéndome a prueba, tratando de llevarme a donde ya he estado; intentando cantarme al oído que las puertas nunca deben quedar entreabiertas ni las historias inacabadas. Exigiendo atención, obligándome a mirarlas de frente sin explicación aparente.
Perder para crecer
Y cuando caigo y pierdo, y el miedo llega hasta la última célula de mi cuerpo, entonces, y sólo entonces, me doy cuenta de que, a través de la caída, he ganado en la prueba.
Que sólo a través de lo difícil se consigue lo imposible y que perder no es rendirse ni equivocarse.
Perder es una parte más del camino; una parte más en la que aprendemos que la vida no nos hace sabios, ni infalibles, ni experimentados gratuitamente...
Y por eso hay que perder, perder y perder... para después levantarse, esforzarse, valorar cada uno de los intentos y ganar, ganar y ganar.
Sé que uno de estos días lo conseguiré...
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